Blancanieves en Barcelona: arte de la nada para no hacer pensar

Ejemplo de arte anecdótico en Barcelona, representado en la fuente dedicada a Blancanieves en Gala Placidia

Para quienes pasean por Gràcia, se dirigen a los ferrocarriles que les llevan al Vallès o quienes juegan con sus niños y niñas en la plaza Gal·la Placídia, les sorprenderá qué hace sobre una fuente la figura de la Blancanieves de Disney. La respuesta es simple: decorarla.

No es que Walt Disney tuviera un ático asomando a la Vía Augusta o que los Hermanos Grimm se inspiraran en la villa para su famoso cuento: Blancanieves decora este bullicioso rincón de Gràcia de igual forma que lo podría haber hecho la muñeca de bailaora gitana que decoraba las teles de antaño o un patufet. Es un ejemplo del llamado arte anecdótico.

Arte anecdótico: la apuesta del franquismo por lo simplista

Para entender un poco más que hace Blancanieves allí nos tenemos que remontar al momento en el que se realizó esta escultura de Josep Manuel Benedicto: 1947. Dos años después de terminada la II Guerra Mundial y en una Barcelona caracterizada por el ambiente de posguerra, ánimo bajo y profundamente dividida. Por todo ello, el consistorio franquista a cargo de José María de Albert Despujol (dueño de l’Espanya Industrial) no quería que sus intervenciones públicas suscitaran ningún tipo de polémica entre la población, que demasiado tenía ya con lo suyo…

Por esta razón y en una etapa en la que Barcelona comenzaba a sufrir una fuerte densidad demográfica, lo cual se traducía en la construcción a toda prisa de edificios de viviendas anodinos (se acabó el modernismo y novecentismo), se quiso compensar esta falta de criterio estilístico por el embellecimiento de las calles con esculturas y elementos decorativos que habían quedado en suspenso desde la Guerra Civil.

Estos elementos decorativos debían carecer de todo signo político o pensamiento filosófico. Despujol y, sobre todo, su concejal de urbanismo Carlos Trías Bertrán, querían alejarse de toda oda a héroes o figuras históricas que dieran lugar al revanchismo, tampoco querían arte abstracto o alegórico que pudieran dar lugar a dobles sentidos o malinterpretaciones: querían un arte naïve, sin compromiso o significado.

Para ello contrataron al escultor Josep Manuel Benedicto i García, alumno aventajado de Manuel Fuxá (afamado escultor de la ciudad al que, entre otras obras, le debemos la primera dedicada a una mujer en Barcelona), con el encargo de realizar dos piezas que sirvieran para decorar las nuevas manzanas que crecían, ya fuera del Eixample, por encima de la Diagonal. Las piezas debían resultar del agrado de toda población, enmarcándose en estas premisas descritas. Es así como, inspirándose en lo que gustaba otra estatua de la ciudad con temática literaria infantil, y tras el éxito que aún disfrutaba la película de Walt Disney estrenada diez años atrás, decidió crear a esta Blancanieves en posición juguetona con un cervatillo, algo que difícilmente podría ofender a alguien.

La otra estatua que Benedicto creó para la ciudad en este encargo la encontramos en una plazoleta en el cruce de Casanova con Diagonal, en la que se representa a un niño pescando un pez con las manos celebrándolo con alegría. Dos ejemplos de un arte inocente, sin mayor importancia que la estética y la de transmitir ternura al espectador: un arte que se denominó anecdótico por su falta de identidad.

Benedicto y el alcalde Despujol no fueron los únicos en promover este tipo de arte sencillo: a lo largo de todo el franquismo, los diferentes alcaldes que desfilaron por la ciudad alternaban las elegías al régimen con estas expresiones cotidianas y del gusto de todos. Un ejemplo emblemático en Barcelona (y sobre todo en Horta) del arte anecdótico lo encontramos en el “Nen de la Rutlla“, de 1961 y convertido desde entonces en todo un símbolo del barrio.

Blancanieves en Barcelona, una ciudad de cuento

Tal como hemos tenido la ocasión de indicar, esta escultura fuente de Benedicto se inspiró en el éxito que tenía una similar ya existente en Barcelona. Se trata de la dedicada a Caperucita (Caputxeta en catalán) en el cruce del Passeig de Sant Joan con Roselló. En ella, su autor Josep Tenas Alivés, quiso poner en práctica los valores de este arte anecdótico antes incluso de que se denominara como tal, sirviéndose de la característica de que su obra se iba a colocar en una zona frecuentada por burgueses que paseaban junto a sus hijos, a los que quiso agradar con una fuente que recreara el popular cuento también de los hermanos Grimm.

Alivés, -que pudo colocar esta fuente en 1921 tras ganar el concurso periódico de arte urbano organizado por la Comisión del Eixample-, fue un paso más allá en su visión naif del arte callejero, haciendo acompañar a la caperucita de un lobo totalmente indigno del apellido “feroz”, en pose amigable e invitando a quien quiera beber de la fuente que lo haga con total calma. Sí que quiso aportar un toque regionalista vistiendo a la Caputxeta con el traje típico de la pagesía catalana.

Podemos encontrar en la plaza de España de Castelldefels una escultura muy parecida a la Caputxeta de Sant Joan, en la que el lobo incluso nos invita a cogerle la pata.

Como toque regionalista tiene otra protagonista de cuento en el mismo distrito pero más a la izquierda en el mapa. Si nos dirigimos a la plaza del Doctor Letamendi, justo antes de abordar la calle Enric Granados a su lado montaña, en uno de los jardines que Aragó vertebra en dos nos encontramos con la protagonista del cuento de la lechera: esa fábula infantil que nos alude a los riesgos de construir castillos en el aire.

Se trata de un bronce de Eduard Batiste Alentorn, un escultor realista que, adscrito a la corriente del novecentismo, tuvo notable éxito en la ciudad en la década de los 10 con sus representaciones costumbristas que representaban de forma icónica a la sociedad barcelonesa. En este caso la lechera se lamenta de su cántaro roto con unas poses y una vestimenta propia del lugar en el que se colocó, junto a las casas burguesas del Eixample cercano al Passeig de Gràcia. Alentorn entregó esta obra en 1917 junto a otras con la finalidad de decorar con fuentes el creciente distrito burgués de Barcelona, como la font de la Palangana o la font de la Tortuga.

Aún podemos encontrar un rincón aún más de cuento en Barcelona. Para ello tenemos que volver a Horta y precisamente cruzarnos con el Nen de la Rutlla para abordar el parc del Guinardó. Dentro de este espacio de encuentro entre los vecinos del barrio encontramos un espacio muy singular: la font del Cuento, cuyo nombre ya nos anuncia su legitimación para aparecer en este artículo.

Se trata de una fuente que data del 1739 y surtía directamente agua del subsuelo (hoy en día ya no mana), lo cual servía para que numerosos vecinos acudieran a este rincón para provisionarse. Respecto al nombre, -como toda denominación popular fuera de lo oficioso-, existen dos versiones: la romántica y la realista. La romántica dicta que, al emanar el agua en un chorrito muy pequeño, se formaban grandes colas para recogerla, lo cual propició que los vecinos buscaran entretenimiento mientras esperaban turno y para ello, contaran cuentos e historias a su alrededor.

La versión “realista” (en cuanto no se han documentado estos encuentros vecinales anteriormente descritos) es que al estar situado en un rincón sombrío y alejado de vías de paso, era el lugar perfecto para que las buenas gentes del Guinardó practicaran lo que antaño se denominaba “hacer cuento”, que viene a traducirse como hacer manitas y otras prácticas amorosas menos infantiles.

Disney en Barcelona: si cada niño donara una peseta…

La Blancanieves de Disney (aunque la obra fuera de los hermanos Grimm, la de Gal·la Placídia luce con el aspecto que la retrató en dibujos animados) no es el único homenaje que la ciudad le ha dedicado al cineasta infantil: él mismo dispone de una escultura, esta vez sí, alegórica, creada tres años después de su muerte, en 1969.

Para descubrir dónde, debemos agudizar la vista en nuestra próxima visita al parc de la Ciutadella, ya que amagada en un rincón junto a la biblioteca del Parlament de Catalunya nos encontramos este grupo escultórico de 5 gacelas que Nuria Tortras creó para homenajear a Walt Disney, simbolizando los valores ligados a la naturaleza y la libertad de sus películas.

Esta escultura, que se colocó en el antiguo acceso al Zoo de Barcelona (y que posteriormente se abandonó, quedando los mástiles de entrada y este homenaje como único testimonio) se planteó por parte del Ayuntamiento de Barcelona siguiendo la política que ha inspirado este artículo de arte que no moleste y que rinda homenaje a la cotidianeidad, solo que la forma de financiación que sugirió el consistorio a manos del nefasto Porcioles fue, cuanto menos, curiosa.

La intención era que, emulando a aquella Lola Flores que pedía a los españoles que aportaran una peseta para que pudiera liquidar su deuda con Hacienda, los niños en edad escolar de Barcelona donaran la misma cantidad para sufragar el gasto de la escultura. Tal surrealista propuesta, -propia de la capacidad de gobernación de Porcioles-, obviamente no se llevó a cabo por disparatada, pero sí que se alcanzó la financiación deseada organizando el día de la inauguración, el 9 de septiembre, una gran fiesta infantil que fue todo un éxito.

Plaza de Gal·la Placídia: una plaza que rescata el feminismo en Roma

Como homenaje a esta Blancanieves barcelonesa, queremos romper con la falta de significado que le quisieron otorgar sus progenitores franquistas y recalar en la historia de la mujer que da nombre a la plaza. Mal hicieron quienes en 1944 concluyeron esta plaza de Gràcia nombrándola como la reina romana de los visigodos si lo que querían era no dotar de significado político toda trama urbana.

Y es que, conscientes o no, habían recuperado el legado de una de las féminas más inteligentes y sufridas del Imperio Romano, nada reivindicada en su papel en la historia y que en pleno franquismo se homenajeaba dando nombre a este eje.

Gala Placídia fue la hija de dos poderosos linajes que se unieron para gobernar todo un imperio: el de su padre, Teodosio el Grande, y el de su madre, hija de Valentiniano el Grande (se ve que era llegar al trono y recibir el apodo “grande”). Como hija de dos casas llamadas a gobernar las tierras del poderoso Imperio Romano, Gala hubiese pasado a la historia si no fuera por el hecho de que en Roma las mujeres dinásticas solo servían para marcar la sucesión, sin tener derecho a ejercerlo. Fueron sus hermanastros Arcadio y Honorio quienes, sin pertenecer a la rama visigótica, se disputaron el trono de Augusto en Oriente, llevándose el primero de ellos el gato al agua.

A la muerte de Teodosio se sucedieron las intrigas y los tejemanejes que situaron a nuestra protagonista como una potente moneda de cambio de la política de la época. Estamos en torno al año 400 d.C., cuando el poderoso Imperio Romano comienza a verse asediado por los pueblos germanos, a los que pertenecían los godos. Por ello, tener acceso a una figura como Gala, que suponía la unión de dos pueblos enfrentados, representaba una oportunidad de cambio inigualable en la fecha.

Esta singularidad sanguínea de Gala, acaparaba tanto simpatías por lo descrito, como antipatías por el hecho de representar dos pueblos antagónicos y, sobre todo, por ser mujer. Nada de su posición dinástica se hubiese cuestionado de haber nacido hombre, pero el hecho de que la cualidad de ser mitad romana, mitad visigoda solo existiera en ella y que sus hermanos no disfrutaran de esa posición, causaba el ignoro en el mejor de los casos, la persecución en el peor.

Todo ello supuso para Gala una serie de vicisitudes que pasaban por varios matrimonios de conveniencia, relaciones incestuosas, humillaciones públicas y otros penares que se resumen en este artículo en el que se recupera la memoria de Placidia, hasta hace bien poco condenada al olvido como parte de ese ninguneo machista que le tocó sufrir incluso 15 siglos después de fallecida.

¿Y cuál fue su papel en Barcelona como para recibir el honor de nombrar a esta plaza? En uno de sus vaivenes matrimoniales, se desposó con Ataúlfo en un acto tan romántico como que la tomó mientras ella era rehén de su padre Alarico. Esta estirpe germánica reinaba por entonces en estas tierras, las primeras de la historia que convertían a Barcelona (por entonces aún Barcino) en capital de un reino, lo cual otorgaba a Gala el título de consorte de la ciudad y por extensión, reina de la Hispania Visigótica.

Que a la ciudadanía en general le cueste hacer memoria para recordar este hecho (amén de que sucedió hace 16 siglos) no es casual: poco le duró a nuestra denostada protagonista el título. Los godos no se parecían en absoluto a los Borbones, y más que intrigar al trono mediante guerras entre el pueblo y fórmulas matemáticas para mantener el apellido (aunque hubiera que acudir al incesto), ellos mismos se echaban al cuello del otro con tal de apearlos del asiento. En una de estas “riñas habituales”, Sigerico conspiró para matar a Ataúlfo y así tenemos de nuevo a Gala en la casilla de salida.

Pese a ello y a las humillaciones que sufrió como presa de los godos, a Gala aún le quedaba un ascenso mayor que el de reina hispánica. Tras otras tantas conjuras que ríete tú de Juego de Tronos, a Sigerico no le dio tiempo ni a deshacer la maleta cuando ya criaba malvas de manos de Walia, quien llegó a un acuerdo con Honorio, el hermanastro de Gala, que durante este intervalo le dio tiempo a llegar a ser emperador de Occidente… (sirvan estos puntos suspensivos de descanso para asimilar tanto cambio).

Honorio, que después de tanto tiempo había perdido algo el apego con su hermanastra, no tuvo reparos en casarla con Flavio Constancio, uno de sus generales de confianza (quién no “prestaría” su hermana a un buen amigo…). La muerte prematura de Flavio y, poco después, la de Honorio (no estaban muy instaurados los blogs de hábitos saludables por aquella época), situaron a nuestra ya amiga (llevamos 9 párrafos hablando de ella, si a estas alturas no has empatizado con la buena de Gala…) nada más y nada menos que como Emperatriz de Occidente, dado que Honorio no dejaba descendencia y ella sí (¡ja!).

Como una Sansa Stark bien curtida después de tantos desprecios, Gala tenía un carácter y una inteligencia política a estas alturas mediante la cual no dudaba en “pasarse al lado oscuro” si el momento lo requería, como demostró cuando a un usurpador al trono de su hijo Valentiniano (de solo 6 años) llamado Juan (suena poco épico después de tanto desfile nombre contundente) lo castigó haciendo que le cortaran una mano y que lo pasearan por el hipódromo de Aquilea antes de darle muerte: un gesto con el que pretendía avisar a otros posibles usurpadores que a ella no le chistaba ni dios a ese momento.

Poco después su hijo no solo perdería el trono, sino todo el Imperio de Occidente. Por si este ninguneo a un figura femenina tan relevante, silenciada durante siglos no fuera suficiente, aún se tiene que soportar un toque homófobo a la historia, ya que Procopio de Cesarea (historiador bizantino al que le debemos el reflejo de lo sucedido aquellos años en la vida de Justiniano y su estirpe) achaca la pérdida de imperio a que Valentiniano fue criado con costumbres afeminadas por parte de su madre, que no lo hacían válido a la hora de defender el trono.

Sirvan todas estas parrafadas para rendir homenaje a una mujer que se menciona a diario en Barcelona, pero de la que poco se conoce y cuya historia merece salir de la oscuridad a la que siglos y siglos de revisiones machistas la han abocado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web gratuito con WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: